¿Cuál era el lugar de la Mancha del que no se quería acordar Cervantes?

Profetizaba Cervantes que los pueblos manchegos se pelearían por ser la cuna de Don Quijote, y no le faltó razón. Numerosas teorías han elucubrado cuál es el verdadero lugar de la Mancha del que no se quiso acordar el escritor  y aunque obviamente estamos hablando de una novela (y no tiene por qué ser un enclave geográfico real) existen muchas posibilidades de que una localidad manchega ostentase el distinguido título de “patria de Don Quijote”.

Teorías tan elaboradas como la propuesta por el catedrático Francisco Parra sostiene (en función a cuestiones la velocidad de Rocinante y el rucio) que el lugar de la Mancha sería Villanueva de los Infantes, sin embargo esta teoría cuenta con varios inconvenientes. En primer lugar el hecho de que las distancias en la novela son bastante dudosas y en capítulos como el  XXIV y el XXV de la segunda parte, la relación entre espacio y tiempo  desaparece pues nada más salir de cueva de Montesinos (en la actual provincia de Albacete) don Quijote y Sancho aparecen en tierras aragonesas con un solo pasar de página.

También contaría con la dificultad de que, como su propio nombre indica, Villanueva de los Infantes era una villa desde 1421 y no un “lugar” que es otra categoría dentro de la administración de aquel entonces (entran en esta jerarquía las ciudades, las pedanías, las alquerías, etc.) En este sentido, si sería lógica la teoría que apuesta por el toledano pueblo de Esquivias, donde Cervantes vivió y se casó con Catalina Salazar.

Esquivias no fue villa hasta 1768 y por lo tanto podría ser este el lugar que olvidó el escritor, pero otra nueva dificultad impide que ésta tampoco sea la localidad que buscamos. El inconveniente estriba en el capítulo LII de la segunda parte del Quijote, cuando Teresa Panza le cuenta en una carta a su marido (que por ese entonces estaba gobernando la ínsula de Barataria) las novedades vecinales  y entre ellas menciona que:
 
 (...) un rayo cayó en la picota (...)

La picota o rollo, era una columna de piedra que sirve como símbolo de los privilegios con los que contaban las villas, por lo tanto podríamos hablar de que la localidad de Don Quijote sufre la transformación de “lugar” a “villa” durante las andanzas del hidalgo caballero.

Siendo esta una pista fundamental ya que se reducen las posibilidades a una localidad que hubiese sufrido la transformación de lugar a villa entre 1604 y 1615 (cuando se publica la primera y la segunda parte del Quijote respectivamente).

Este parámetro limita mucho más la búsqueda e incluso reafirma una de las más viejas teorías, que no es otra que aquella que apunta a Argamasilla de Alba como el pueblo de Don Quijote.
Argamasilla fue lugar hasta 1612 cuando Felipe III le concedió el título de villa, además hay unas líneas que hacen pensar con bastante claridad que Cervantes estaba hablando de este municipio pues  al final de la primera parte Cervantes añade una especie de leyenda en la que un médico había encontrado  entre las ruinas de una ermita una caja metálica en cuyo interior aparecía un pergamino escrito por:

LOS ACADÉMICOS DE LA ARGAMASILLA, LUGAR DE LA MANCHA, EN VIDA Y MUERTE DEL VALEROSO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Parece por tanto que la duda está disipada, ahora bien, de ser cierto el encierro que se supone vivió Cervantes en Argamasilla (concretamente en la llamada cueva de los Medrano) la frase con la que se inicia la novela tendría todo el sentido, pues haber  estado en la prisión del pueblo es motivo suficiente como para que empezase su novela diciendo aquello de:

 En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…