¿Era un duende el famoso “chico de Mondéjar”?

Brea de Tajo y su enorme patrimonio inmaterial no deja de generar sorpresas. Temas tan singulares como los personajes fantásticos esconden maravillosos secretos que hoy vamos a revelar.

Es frecuente en este pueblo madrileño decir a los niños que se están quedando dormidos "… a la cama que ya viene el chico de Mondéjar" una expresión tan coloquial como desconcertante, sobre todo porque nunca se ha sabido quien era ese misterioso chico.
Curiosamente esta cualidad de aparecer cuando los niños tienen sueño me hizo recordar otro personaje fantástico del que se hablaba en Herreruela de Oropesa (Toledo), en aquel caso se trataba de “Fernandito” una especie de niño-duende que salía de las orejas a los pequeños de la casa anunciando que era hora de ir a la cama.


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Ilustración de Fernandito, realizada por el autor


Esta conexión se vio incrementada con un libro “Diccionario de voces aragonesas” escrito en el siglo XIX por Jerónimo Borao y en el cual define la palabra “Martinico” como una expresión para decir á los niños que les entra el sueño.
Con lo cual ya nos encontramos con que el chico de Mondéjar tenía al menos otros dos socios expertos en dejar dormidos a los niños, un duende toledano llamado Fernandito y uno aragonés llamado Martinico.
Con estas primeras pistas acudí al Archivo Histórico Nacional donde la combinación de “duende, Mondéjar, Martinico” arrojó unas siglas concretas: ES.28079.AHN/1.1.57.7//INQUISICIÓN,92,Exp.10 o lo que es lo mismo, la referencia de un proceso inquisitorial.

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Portada de aquel viejo proceso inquisitorial
El proceso inquisitorial nos retrotrae al Madrid de 1759 concretamente a la calle Aduana, que por aquel entonces se llamaba Calle Angosta de San Bernardo. En esa misma calle vivía María Teresa Murillo, la mujer de Alejandro Villacorta un funcionario del estado que ocupaba el cargo de visitador general de sisas reales, algo así como un funcionario de nuestro actual ministerio de hacienda. Pero no vivían solos, bajo el mismo techo se encontraba una joven criada de dieciocho años, a la que la dueña de la casa terminó denunciando, se llamaba María Medel, era de Mondéjar y según parece había vivido una extraña experiencia siendo niña en su pueblo natal.

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La casa donde María Medel trabajó y donde dio a conocer su historia se encontraría en algún lugar de esta calle madrileña. Fotografía del autor
La primera pieza había encajado, el pueblo de nuestro misterioso “chico” aparecía en ese proceso pero ¿qué importancia tenía Mondéjar en todo esto?
Mondéjar era pueblo donde aquella criada pasó la infancia y donde vivió el fenómeno más curioso que podamos imaginar. La aparición de un duende.
Un duende que dice el proceso se aparecía en el palacio del Marqués de Palacios que lógicamente hace referencia a Marcos Ignacio de Mendoza Ibáñez de Segovia y Velasco, a la sazón Marqués de Mondéjar y dueño por tanto del citado palacio.
Dicho inmueble fue una de las joyas de la arquitectura renacentista en España y del que hoy en día aún queda visible el arco de la cochera y otras estructuras que se asemejan al estilo del célebre Pedro Machuca.

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El palacio de Mondéjar deshabitado en gran parte cuando María Medel era una niña fue el escenario de aquellas apariciones. Fotografía del autor
Sin embargo, cuando María Medel era una niña el palacio, aunque deshabitado, todavía conservaba su glorioso pasado. Lo sabemos porque no hacía mucho que había sido la residencia de Gaspar Ibáñez de Segovia noveno marqués de Mondéjar quien guarecía entre sus muros una fastuosa biblioteca con ejemplares tan singulares como uno de los Beatos de Liébana, o “Centuries et Prophecies” de Nostradamus.

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La biblioteca del noveno marqués de Mondéjar fue sin duda una de las más fascinantes de su época, libros de magia y otras rarezas poblaban sus estantes.
Pero más allá de los libros sobre magia y entes supersticiosos con los que contaba la biblioteca, centrémonos en el personaje principal, aquel duende que se personó no una, si no en varias ocasiones a la futura asistenta.
Para ello necesitamos remitirnos de nuevo al proceso inquisitorial donde se nos cuenta que María Medel y otras niñas hasta el número de catorce, o quince, correteaban y jugaban en dicha parte de Palacio que no se habitaba y llamaban a Martinico, era en ese momento cuando se manifestaba un muchacho como de diez a doce años vestido de Capuchino con el cual jugaban.
El trato con Martinico era tan cercano que incluso entre volteretas y vuelos mágicos por el palacio arregló el jubón a una de las niñas, los documentos lo expresan así:
habiéndose subido con el (jubón) arriba, sin que ellas viesen lo q/e hizo le bajó muy compuesto, bien remendado de modo que un sastre no lo podía haber echo mejor.

Aunque también tenía comportamientos un tanto inexplicables como impedir que las muchachas subiesen a los cuartos superiores diciendo que no fueran tan curiosas.
Más allá de la verosimilitud de los hechos lo fascinante es que la descripción que se extrae de esa declaración ante la inquisición encaja con lo que sabemos del palacio.
Quizá detalles como este hiciesen que la Inquisición se lo tomase en serio y diese órdenes al comisario de Pastrana Manuel Sánchez Balbacíl, para que elaborase una investigación en secreto con la que saber si María Medel mentía. Para ello buscó testigos, familiares e infinidad de detalles visitando incluso el palacio.
Manuel Sánchez Balbacil en su secreto informe llegó incluso a arrojar nombres y descripciones, tales como Jesusa una de las niñas que acompañó a María y que conoció al duende, y que el afirma que tenía de dieciocho a veinte años y era hija de Mathias Pérez ya difunto, y de Nicolasa García.

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Los datos de la investigación secreta del comisario de Pastrana se confirman con los libros parroquiales de la iglesia. En la imagen la partida de bautismo de otra testigo del duende. Fotografía del Autor
El padre de María, sus hermanos y otros tantos personajes de esta historia fueron apareciendo ahondando en las páginas de los libros de bautismos parroquiales y la descripción del palacio encaja con lo que sabemos del monumento en sí.

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“su hermana que le parece se llama Manuela y está sirviendo en la calle del Gobernador” así se cita a la hermana de la principal testigo en el informe secreto. En la fotografía vemos la partida de bautismo de la joven en el archivo parroquial de Mondéjar. Fotografía del autor

Lo cual hace ver que aunque no se sepa si es real todo lo que aquel viejo proceso inquisitorial cuenta, sí que es verdad que lo personajes existieron y que muy probablemente a raíz de las pesquisas inquisitoriales y la fama que esto supuso a la villa de Mondejar se difundiese entre los pueblos vecinos la idea de que allí en Mondéjar había habido un duende.
Estas noticias del duende con aspecto de niño o de chico, bien pudieron llegar al cercano pueblo de Brea de Tajo donde quizá permaneció, como suelen acabar estas cuestiones, en la tradición oral, algo que de ser así, habría hecho sobrevivir a Martinico más de 257 años en nuestras expresiones y leyendas.

Miguel Zorita. 20 de febrero 2017