Cervantes era vecino de un refugiado


Parece mentira pero a veces la historia crea conexiones tan curiosas como esta. El célebre escritor Miguel de Cervantes Saavedra viviendo en frente a la casa de un refugiado de la época.

Se llamaba Mawlay al-Shayj aunque fue más conocido como Muley Xeque, Felipe de África o simplemente el principe de Marruecos que es como le cita Cervantes en su libro el Viaje al Parnaso.

Curiosamente lo menciona por ser vecino suyo, de tal forma que cuando Cervantes recibe una carta del mismísimo Dios Apolo, este indica la dirección del novelista con estas señas:

A MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA,
EN LA CALLE DE LAS HUERTAS,
FRONTERO DE LAS CASAS DONDE SOLÍA VIVIR
EL PRÍNCIPE DE MARRUECOS, EN MADRID.
AL PORTE, MEDIO REAL,
DIGO, DIECISIETE MARAVEDÍS

Al decir “frontero” Cervantes se refiere que vive en frente y sabiendo en qué punto de la calle Huertas vivía no es difícil situar las “las casas” del príncipe de Marruecos en el actual palacio de Santoña, justo en la calle del Príncipe que tomó el nombre precisamente de Muley Xeque.

¿Pero cómo empieza toda esta historia? Hemos de remontarnos  al 4 de agosto de 1578 cuando en plena guerra civil el rey de Marruecos Muley Muhamed moría en la batalla de Alcazarquivir.

Este episodio quizás hoy pueda parecernos un dato irrelevante, mas no lo fue para la política internacional de aquel entonces, con la muerte de Muley Muhamed acababa toda la dinastía Sadí y esto suponía nuevas luchas intestinas para hacerse con el poder, afrentas azuzadas en gran medida por el resto de potencias europeas que pretendían sacar tajada de la disputa. Los turcos apoyaban al candidato que les rindiese pleitesía, y los holandeses a aquel que más hiciese la puñeta a los españoles de los que se querían independizar.

En todo aquel jaleo político apareció un niño de doce años que había salido con vida de la desastrosa batalla en la que murió el rey, esto hizo que fuese puesto a salvo por los portugueses y enviado a Lisboa de inmediato. Ese niño marroquí, no era otro que Muley Xeque hijo de Muley Muhamed y por lo tanto heredero directo del trono de Marruecos y sobrado rival para el nuevo monarca, Muley Moluc. El monarca español (y portugués) Felipe II, por lo tanto cuidó muy mucho de ese niño que al fin y al cabo era un as en su manga en la política internacional.

Hasta 1589 Muley Xeque había permanecido en Portugal pero una vez anexionado el país vecino a España el ya por entonces llamado rey de África fue trasladado a Carmona (Sevilla) donde a sus 23 años se convirtió en toda una eminencia ya que los moriscos de toda Andalucía le recibieron con los brazos abiertos pidiéndole protección.

Muy probablemente en esta labor le ayudaría su leal consejero el judío Nathán Benterny, otro personaje de lo más singular, que le acompañó en todas sus peripecias. Finalmente la visita de moriscos a su residencia de Carmona escamó al rey de España pero pronto se solucionó, ya en abril de 1593 cuando Muley Xeque acudió a la procesión de la Virgen de la Cabeza en la localidad jienense de Andújar, demostrando así lo que luego se hizo realidad, su firme intención de ser cristiano.

El tránsito hacia el cristianismo culminó con su bautizo en el Monasterio del Escorial, con el nombre de su padrino, el rey Felipe II quien lo llevó a la pila con  la infanta María Eugenia que hizo de madrina. Imaginamos que no le llevarían en brazos pues el mozalbete tenía ya veintiocho años adquiriendo como regalos títulos y nombramientos, entre los que destacan rey de Marruecos, capitán de la caballería española, caballero de Santiago, comendador de Belmar y Albánchez, y por supuesto, grande de España.

Don Felipe de África (como era conocido) se aposentó en Madrid en el año 1594, y más concretamente en la calle Huertas esquina con la del Príncipe a la que él mismo dio nombre. Allí dicen que vivió “con espléndido boato” y vecinos del barrio, como Cervantes o Lope de Vega dieron cuentas de él como refleja este último en su obra teatral Tragedia del rey don Sebastián y bautismo del Príncipe de Marruecos donde le describe de este modo.

“La majestad que conviene
para un príncipe de Fez:
Modesto rostro, y moreno,
de cabello rizo, y alto;
alegre de ojos, y falto
de barba; fornido y lleno;
Fuerte, ligero y galán;
a pie y a caballo, airoso;
llano, humilde y generoso.


Finalmente en 1609 a raíz de la expulsión de los moriscos Don Felipe de África se terminó de desencantar de España y aunque bien pudo quedarse decidió partir a Milan no sin antes pasar de nuevo por Carmona donde intervendrá para comprar la libertad de unos moriscos, con los que debió sentir una lógica simpatía, en solidaridad con ellos marchó a tierras italianas, donde curiosamente tras su muerte en 1621 fue enterrado en la catedral de Vigévano con todos los honores que un cristiano como él merecía.