De compras por el Madrid de Cervantes

Todos estos alimentos eran fácilmente conseguibles en las tiendas de Madrid. Bodegón de Alejandro Loarte en el Rijksmuseum de Ámsterdam (principios del siglo XVII)

Gracias a este tipo de archivos y registros podemos no solo situar a muchos de los habitantes si no también comercios y lugares donde se desarrollaba buena parte de la vida cotidiana. En este sentido Madrid seguía guardando mucha de la estructura medieval de las ciudades gremiales.


Las calles madrileñas así lo delatan, curtidores, hilanderas, coloreros… y otros tantos oficios pueblan nuestro callejero demostrando así donde se encontraban las principales actividades comerciales de la ciudad.
Por poner un ejemplo sencillo vinculado con Cervantes podríamos hablar del pan, pues uno de los puntos habituales de venta se encontraba frente a la iglesia donde se casó su hija, la iglesia de San Luis, a cuya puerta en una especie de mercadillo se vendía pan cubierto por una red, evitando así los robos de los hambrientos. Esa red del pan unido al nombre de la iglesia terminó por designar  a toda la zona conocida hoy como Red de San Luis. Pan que también se podía comprar en la Plaza Mayor de hecho la actual Casa de la Panadería se llama así por ser allí donde se ubicaba una de las tahonas más famosas de Madrid.

A medio camino entre la última casa de Cervantes y estas panaderías se situaba otro mercado, el de la Puerta del Sol, visible en el plano de Texeira donde dos filas de puestos se diferencian por los productos que vendían, por un lado carnes y por otro verduras y frutas. Carne que también se podía adquirir en la plazuela de Santo Domingo y en la cabecera del Rastro donde estaba el matadero.

En toda la Rivera de Curtidores era fácil encontrar (como sucede hoy día) productos de cuero, así no así prendas de tela o bordados más sofisticados, para eso era necesario ir a las cercanías de la Plaza Mayor entre San Miguel de los Octoes y San Ginés, allí estaban las hilanderas y los bordadores pudiendo incluso encontrar en aquel entonces a la familia de Lope de Vega quienes se dedicaban a este oficio.
Sin movernos de la calle Mayor podíamos gastarnos los maravedís en alguna joya pues también allí encontrábamos las platerías, otra opción menos dolorosa para el bolsillo era la infinidad de juguetes, cachivaches y artículos de regalo que se podían comprar en el Alcázar en las llamadas covachuelas  de palacio, pero por estar más cerca el monasterio San Felipe, acudiremos a unas tiendas situadas bajo la explanada que había entre la calle Mayor y este edificio. Allí por ejemplo tenía su tienda de mapas y globos terráqueos el cartógrafo Antonio Mancelli.

Para los libros lo mejor era ir a la Plaza del Ángel allí había no pocas librerías incluida una que tenía los libros encadenados para que ningún cliente lograse robarlos, precisamente en esta plaza vendía libros Juan Villaroel editor de Los Entremeses  de Cervantes.

Y qué mejor manera para  leer que al calor de la hoguera, para ello habíamos de subir unas calles más arriba junto a la Iglesia de Santa Cruz (no la actual si no la de entonces), pues donde hoy está la calle de la Bolsa se encontraba la plaza de la Leña y es que muchos nombres nos dan pistas de por dónde movernos, la plaza de los Carros, la de la Cebada, la de la Paja y una de estas calles será la que dé pie para hacer un alto en el camino y tomar un merecido refrigerio. La calle Tabernillas pero eso ya... es otro tema.


Si te has quedado con ganas de más:http://miguelzorita.com/es/cervantes-madrid-y-el-quijote 

(Presentación en Madrid el día 23 de abril, más detalles próximamente)