El reloj más viejo de Japón es madrileño

Posiblemente alguno de ustedes lea este artículo luciendo en su muñeca un estupendo reloj Seiko, Casio o de cualquier otra gran marca japonesa. No en vano, pocos países en el mundo apuestan tan fuerte por las nuevas tecnologías como el país nipón.

El reloj japonés más antiguo del mundo
El reloj japonés más antiguo del mundo

El reloj de Ieyasu proviene de Madrid

Lo que no es tan conocido (y sobre todo en España) es que el reloj más antiguo de Japón, es madrileño. Hablamos del reloj de Ieyasu, uno de esos objetos con una historia apasionante a sus espaldas.

Durante su viaje en el año 2017 a Japón, los reyes de España contemplaron la pieza más singular del templo Toshogu de Yokohama, un reloj del siglo XVI. Una verdadera maravilla tecnológica y artística cuyo valor es difícilmente calculable (para arrojar un dato orientativo un reloj del mismo fabricante fue datado por el colegio de joyeros de Cataluña hace diez años en ¡Tres millones de euros!). Pero como siempre hacemos en estos artículos no nos vamos a quedar en la parte meramente crematística sino que vamos más allá. ¿Por qué entonces tiene tanto valor ese reloj madrileño conservado en Japón?

Reyes de España con el reloj japonés más antiguo del mundo.
Reyes de España con el reloj japonés más antiguo del mundo.

Hans de Evalo: el creador del reloj más antiguo de Japón

Este reloj (que por cierto, también es despertador), en una de sus piezas contiene la inscripción Hans de Evalo me fecit Madrid A. 1581. Es decir, un relojero llamado Hans de Evalo lo hizo en la capital española en esa fecha, 1581. Esto coincide con uno de los relojeros más apreciados por Felipe II y Felipe III, el flamenco Hans de Evalo.

Hans de Evalo nació hacia 1530 ypronto se puso al servicio de los Austrias.

El investigador J. H. Leopold encontró documentación que lo sitúa en España hacia 1558 y 1560 diciendo que viene de Bramante y que es relojero de cámara de la monarquía hispánica, pero pocos datos más nos permiten reconstruir su vida.

Sabemos que estuvo casado con Isabel Coles con la que tuvo un hijo (Lorenzo) y que al fallecer Isabel se casó con el aprendiz de su difunto marido, el también relojero Joaquin Cocquart de quien Lorenzo aprendió el arte de hacer relojes. Del mismo modo, otra pista que nos habla de este relojero son los papeles inquisitoriales donde Hans aparece como denunciante en 1569 de dos miembros de la Real Guardia Tudesca, Hans Brunsvi y un tal Constancio. Pero poco más, pues Hans de Evalo es de esos personajes cuya biografía aún está por escribir.
Lo que no hay duda es que su mayor actividad profesional se desarrolló en Madrid, como así lo acreditan sus obras más famosas: el reloj custodia y el reloj candil, marcadas ambas con esa inscripción de “me fecit Madrid” (me hicieron en Madrid). ¿Cómo entonces acaba un reloj madrileño de la corte de los Austrias en pleno Japón? Veamos:

Sello de Hans de Evalo
Sello de Hans de Evalo.

El shogun Tokogawa-Ieyasu ayudó en el naufragio del gobernador de Filipinas

En el año 1609, cuando Hans de Evalo ya había fallecido, una  tormenta encalló una nao española en las costas japonesas.
En el barco viajaba el gobernador de las Filipinas, Rodrigo de Vivero y Velasco que socorrido por el shogun Tokogawa-Ieyasu no olvidaría aquel buen gesto hacia su homónimo japonés. De esta manera en el año 1612 y por medio del embajador Sebastián Vizcaíno le envío numerosos regalos con los que compensar el nuevo  barco y la hospitalidad con la que los españoles fueron tratados durante un año tras su naufragio.

La tumba de Tokugawa Ieyasu en la capilla de Tosho-gu en Nikko, Japón
La tumba de Tokugawa Ieyasu en la capilla de Tosho-gu en Nikko, Japón

 

 

 

El honor de los ladrones del reloj de Japón

Entre todos esos regalos se encontraba el reloj que hoy nos ocupa y del que pronto se quedó prendado el shogun Tokogawa-Ieyasu, siendo desde entonces considerado un símbolo de la amistad. Tanto fue así que al morir éste, su hijo trasladó el reloj al templo Toshogu (construido en honor al shogun) y donde disfrutaría de su reloj para la eternidad.
Pasados los siglos también el reloj dejó de latir, pero en 1954 el doctor Asahina del Museo de Ciencias de Tokio se empeñó en hacerlo de nuevo funcionar, consiguiéndolo un año después, precisamente en el aniversario de la muerte de Tokugawa-Ieyasu. Un acto cargado de simbolismo que incluso se transmitió en la radio oyéndose las pequeñas campanadas del reloj.
Un año más tarde el templo fue robado y entre sus valiosas piezas también desapareció el reloj. ¿Entonces cómo lo pudieron ver los reyes en 2017? La explicación es tan sencilla como inexplicable. De todo lo robado los ladrones solo devolvieron el reloj. ¿Por qué? Cualquiera sabe…

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