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¿Cuál es el lugar de la Mancha del que no se quería acordar Cervantes?

Pocos lugares han sido más buscados en la literatura que la patria de Don Quijote, historiadores de toda índole han rastreado pistas para saber qué pueblo manchego es la cuna del hidalgo caballero.

don quijote de la mancha

Lógicamente y aunque la novela utilice un marco geográfico real, no podemos olvidar que es una ficción y que por lo tanto Cervantes no estuvo sujeto a un mapa, el lugar de la Mancha pudo ser real pero también imaginado. No obstante el genial escritor dejó una serie de pistas que nos hacen pensar en un único lugar.

PISTA Nº1: Cide Hamete Benengueli


En el capítulo 9 de la primera parte del Quijote Cervantes narra cómo yendo por el alcaná de Toledo encontró unos cartapacios escritos en arábigo, los cuales llevados a un morisco se los tradujo:

“diciendo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo”

Este presunto autor del Quijote ha traído de cabeza a infinidad de cervantistas, desde Américo Castro a Federico Cortés o Diego Clemencín quienes barajaron la posibilidad de un autor oriental o morisco de difícil identificación.En el fondo la posibilidad más lógica es que a la usanza de los libros de caballerías Cervantes usase esta historia de los cartapacios como un recurso literario para dar un origen mítico a sus fuentes, de hecho el mismo recurso lo empleó Chrétien de Troyes atribuyendo su historia del Grial a un misterioso judío también toledano llamado Flegetanis,
En tal caso ¿Quién demonios es Cide Hamete Benengueli? Seguramente no sea más que un juego del propio escritor quien desordenando las letras de su nombre compuso uno nuevo. No es de extrañar por tanto que con las letras de Cide Hamete Benengueli (o Berengueli como también se le llama se pueda componer “miguel de CerBante”.

Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no fue más que Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendieron entre sí por ahijársele y tendieron por él, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero .

Estaría reconociendo que él mismo tuvo la voluntad de no aclarar cuál es la ubicación exacta de ese lugar de la Mancha.

PISTA Nº2: ¿Un lugar o una villa?



Hoy día puede parecernos un detalle sin importancia pero la diferencia de status entre una villa y un lugar en el siglo XVII tenía bastante relevancia. Un lugar, administrativamente hablando, ocupa el lugar inmediatamente inferior a la villa dentro de las consideraciones judiciales de tiempos de Cervantes, carecían de la posibilidad de celebrar mercado y de impartir justicia entre otras desventajas.
Esta diferencia no era cosa baladí en aquel entonces y menos para un recaudador de impuestos como era Miguel de Cervantes a quien se le supone que cuando habla de un “lugar” está refiriéndose a este estatus administrativo.
Don Quijote por tanto surge en un lugar y no una villa, lo cual descarta infinidad de ubicaciones (como Villanueva de los Infantes, Alcázar de San Juan) sin embargo otro detalle de del capítulo 52 de la segunda parte del Quijote nos ofrece un nuevo hilo del que tirar. Me refiero a la carta que Teresa Panza escribe a su marido, en ella entre las múltiples novedades que se han vivido en el pueblo comenta

“(…) La fuente de la plaza se secó;
un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas.”

Quiere esto decir, que si la primera parte la patria de Don Quijote es un lugar, en la segunda se ha convertido en una villa, pues cuenta con picota, es decir el distintivo arquitectónico que señalizaba una localidad con la consideración de villa.
Este dato de poco nos serviría si no tenemos un tiempo real en el que ubicar el momento en el que “el lugar de la Mancha” adquirió el villazgo, pero quizá no sea tan difícil poner una fecha a las aventuras de Don Quijote.En la segunda parte, se menciona con cierta frecuencia la aparición del Quijote apócrifo de Alonso Fernández de Avellaneda. En el capítulo 70 se introduce incluso en la trama de los personajes lo cual hace situar la acción necesariamente después de 1614 cuando se publicó este Quijote apócrifo.

Por lo tanto entre 1605 (cuando se publica la primera parte del Quijote cervantino) y 1614 (cuando se publica el de Avellaneda) ese “lugar de la mancha” hubo de adquirir el titulo de villazgo como para tener picota.

PISTA Nº3: Secretos desvelados.

Este Quijote de Avellaneda del que hablamos es claramente un libro revanchista, escrito por uno o unos enemigos de Cervantes que pudieron darse por aludidos en las entreveradas críticas que el novelista inserta en su obra y por lo tanto es de imaginar que en el ánimo de Avellaneda (fuese quien fuese) estaba el de revelar secretos.
En este sentido tiene cierta lógica que si Cervantes comenzó su obra omitiendo cual es la patria de Don Quijote Avellaneda comience desvelándola y así nos encontramos con una dedicatoria en la que se dice:

“Al alcalde, regidores, y hidalgos, de la noble villa de Argamesilla, patria feliz del hidalgo Cavallero Don Quixote de la Mancha”

En realidad no era un secreto tan oculto ya que al final de la primera parte de su novela Cervantes inserta unos versos que supuestamente había encontrado un médico en los cimientos de una ermita ruinosa (nuevo recurso literario proveniente de los libros de caballería) en los cuales los académicos, es decir intelectuales, de Argamasilla elogiaban póstumamente la figura de Don Quijote, especificando además que se trata del “lugar de la Mancha”.

PISTA Nº4: Un cuadro exvoto.

Las tres pistas pasadas nos dirigen a un solo lugar: Argamasilla de Alba, un municipio manchego enclavado en pleno escenario quijotesco y que además obtuvo el villazgo en 1612, es decir, era lugar cuando se escribió la primera parte (antes de 1605) y ya era villa en 1614. Esta hipótesis ha sido defendida por prestigiosos cervantistas los cuales coinciden, como bien dice el prólogo de Cervantes, que El Quijote “se engendró en una cárcel”, es más, en el prólogo del Quijote de Avellaneda también se insiste en ese dato “haberse escrito entre los (yerros) de una cárcel”.
De los varios presidios que sufrió el célebre autor, solo los anteriores a 1604 pueden ser cuna de la obra y dentro de estos encierros uno de ellos parece destacar ante el resto. La cueva de los Medrano, la cual, a la sazón está situada en Argamasilla de Alba.
Siendo sinceros no sabemos si realmente Cervantes estuvo preso allí, no hay pruebas documentales que lo avalen, pero tampoco que lo descarten, de hecho de haber sido preso en Argamasilla la frase “de cuyo nombre no quiero acordarme” tendría todo el sentido.
No obstante, no deja de ser significativo que en la iglesia de Argamasilla se encuentre un singularísimo cuadro fechado en 1601 en el que aparece su donante, Rodrigo Pacheco, acompañado de una dama también orante y custodiado por San Mateo, San José y la Virgen de la Caridad de Illescas. La pintura es descrita a los pies del retablo esta inscripción:

“Apareció nuestra Señora a este caballero estando malo de una enfermedad gravísima desamparado de los médicos víspera de San Mateo año 1601, encomendándose a esta Señora y prometiéndole una lámpara de plata, llamándola día y noche de un gran dolor que tenía en el celebro de una gran frialdad que se le cuajo dentro”.

Conclusiones:

Aunque es cierto que los lugares que narra Cervantes corresponden a geografías conocidas, no tienen porqué ceñirse milimétricamente al mapa (de hecho los transcursos como el viaje que hacen de la Mancha a Aragón transcurre en un tiempo record), por lo tanto el lugar de la Mancha puede ser o no real, pero desde luego y aunque en la segunda parte Cervantes trate de despistar al lector ofreciendo datos como una cuesta a la entrada del pueblo, que no corresponden a Argamasilla, todas las demás pistas apuntan hacia esta localidad manchega.
El cuadro exvoto de Rodrigo Pacheco en solitario no nos ofrece ninguna prueba pero unido a la posible inspiración de Cervantes en Argamasilla de Alba como “lugar de la Mancha” induce a pensar en la influencia que pudo suponer este caballero al que se le “cuajó” el cerebro a la hora de crear a Don Quijote, más aún cuando sabemos por grandes especialistas como Javier Escudero, que números personajes de la novela son en realidad personas de carne y hueso que Cervantes conoció en sus andanzas manchegas.
En definitiva un enfoque quizá aún por explotar que nos ofrece una nueva perspectiva sobre la obra de Cervantes no solo como una obra cumbre de la literatura si no como una apasionante fuente histórica.

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